martes, diciembre 13, 2005

Corrupción, inpunidad,y descrédito

Ante el aluvión de casos relacionados con el IVEX, Terra Mítica, la Diputación de Castellón y determinados ayuntamientos del sur, el presidente de la Generalitat y su equipo se han dedicado a proteger y premiar a las personas bajo sospecha, han recurrido a la burda estrategia del “y tú más” (eso en lo que respecta al PSOE; en lo que hace referencia a Esquerra Unida sólo han podido recordar que los tribunales no nos dieron la razón en alguna denuncia, como si eso nos invalidara para el trabajo de oposición), han matado a diversos mensajeros y, finalmente, se han permitido el lujo de atacar y amenazar al fiscal jefe del Tribunal Superior de Justicia (TSJ) por su supuesta parcialidad a la hora de tratar la corrupción. De entrada, el núcleo duro del presidente pensará que no hay mejor defensa que un buen ataque, que lo que no aparece en Canal 9 casi no existe y que, en todo caso, la ciudadanía ya está tan inmunizada ante los casos de corrupción y tan convencida del perverso e injusto “todos son iguales” que no hay nada que temer.
Pero Camps y el PP se equivocan gravemente. Primero, por la sensación de impunidad que se genera y que a su vez provoca que los comportamientos ilícitos compensen cada vez a más gente. Una espiral peligrosa: sólo faltaba el reclamo de que, además de fácil, es gratis. Segundo, porque la ciudadanía puede que esté acostumbrada a determinados comportamientos de algunos políticos, pero tolera muy mal el sistema de castas que protege los deslices de los que se autodenominan “clase política”. Además, mientras las cosas vayan razonablemente bien, o exista la ilusión de que van bien, las exigencias sociales puede que no sean acuciantes. Pero ahora que el modelo económico y social del PP comienza a dar síntomas de agotamiento por los problemas en el empleo, la calidad de los servicios públicos o la falta de vivienda digna a precios razonables, llega el momento en que los focos de la ciudadanía se dirigirán hacia los gobernantes para exigir respuestas. Y cuando mira hacia Camps, lo que se está encontrando la sociedad honesta que paga impuestos, que soporta la soga de la hipoteca, la inseguridad de un contrato por horas y la crispación de un clima político sectario, es un presidente autista y protector de los miembros de su partido bajo sospecha de corrupción. No ya porque sean del PP, sino porque, además, son los suyos, los que le apoyan orgánicamente. Nos preocupa que este tipo de comportamientos, junto con algunas actitudes del PSOE que en un número creciente de ayuntamientos opta también por PAI que destruyen de manera imparable el territorio del PV, genere esa imagen de “todos son iguales” que en definitiva solamente abona la abstención.